
La idea de elaborar vino en medio de una zona con encinas centenarias llegó nada más conocer la finca. Una vez adquirida la propiedad, comenzaron los trabajos de acondicionamiento del terreno, cercar adecuadamente el área que se iba a dedicar a viñedo, previamente elegido por estar situado en una solana de suave pendiente. Despues, instalar el riego y comprar la maquinaria necesaria para los trabajos en el terreno.
Después de hacer los correspondientes análisis del suelo, se decidieron las variedades más adecuadas, que fueron adquiridas en los mejores viveros de la zona de Burdeos.
Para la bodega, se buscó una zona de umbría, de forma que la temperatura sea más constante.
El viñedo se encuentra situado dentro de la finca de “Las Cañadas”, en el término municipal de Santa Cruz del Retamar, provincia de Toledo, en el enclave denominado Los Montes de Alamín.
El terreno en el que se asientan las cepas está formado por colinas muy suaves donde la tierra procede de aluvión (arenoso), siendo muy rica en materia orgánica muy fértil, lo que es muy bueno para el cultivo del viñedo.
El clima de la región es continental, con temperaturas extremas. La pluviometría es más alta que en el resto del área geográfica, al estar en la parte sur de la cordillera central. El clima es muy apropiado para la maduración de la uva, puesto que a finales del mes de agosto y en septiembre se da un contraste de temperatura – frío por la noche y calor por el día, que es muy propicio para la correcta maduración polifenólica.

La composición del vino Las Cañadas de Cartema resulta del ensamblaje de estas variedades.
Del ensamblaje de estas dos variedades resulta un vino complejo, estructurado y elegante.

La bodega es de nueva construcción, siendo la cosecha del 2006 la primera que se realiza en sus instalaciones. Se ha diseñado para elaborar 20.000 kg de uva, teniendo posibilidad de ampliación; está dotada con sistemas de vinificación automatizada, disponiendo de planta embotelladora propia y un parque de barricas de 20 unidades, siendo el 100% roble francés.

Las variedades se vinifican por separado siempre con sus levaduras autóctonas, con la fermentación a temperatura controlada. Una vez acabada la fermentación alcohólica, se pasa a barricas de roble francés, donde realiza la fermentación malo láctica, se trasiega y se vuelve a meter en las barricas dejándole una lía muy fina en la barrica. Pasado el tiempo necesario en las barricas, la propiedad y los técnicos determinan el porcentaje exacto de las variedades que va a tener el futuro vino.
Las dos variedades de vino se vinifican mezcladas, realizando una fermentación en barricas nuevas de roble francés, dentro de una sala acondicionada y a 17º C de temperatura. Una vez acabada la fermentación alcohólica, se trasiega y vuelve a las barricas, permaneciendo en las mismas cinco meses en contacto con la lía fina, para embotellarlo a continuación.

De color rojo rubí con capa media y ribetes ligeramente violáceos, limpio y brillante.
En nariz predominan los tonos de monte bajo, especias como tomillo y romero, teniendo también frutos rojos, regaliz y unas notas de madera muy bien ensambladas.
En boca tiene una buena intensidad con medio cuerpo, sedoso, algo glicérico, destaca la fruta, predominando sobre la madera y con un tanino suave y muy agradable.

Tiene un color amarillo pajizo con tonos ligeramente dorados; en nariz resulta discreta la fruta y la madera, apareciendo tonos típicos de moscatel, frutas tropicales muy bien ajustadas con los balsámicos de la madera; en boca es untuoso, sedoso, equilibrado y con buena persistencia.
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